Le arreglé el coche a mi vecina la gorda

El viernes pasado yo venía reventado del trabajo, y no quería otra cosa que llegar a casa para descansar y tomarme una cerveza bien fría. Pero el destino me tenía preparada otra jugada, qué poco imaginaba yo que el día se me iba a torcer, pero para muy bien.

Al girar en la curva y entrar en mi calle, vi que había un coche parado en la acera frente a mi puerta, con las puertas y el capó abierto. De hecho, de éste último no podía ver ni una sola parte del motor, porque todo me lo tapaba un enorme trasero enfundado en una llamativa falda de rayas, que no reconocí en un primer momento. Pero cuando la chica se incorporó y se volvió, supe quién era en seguida.

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Era una de las vecinas de la urbanización, que vivía un par de calles más abajo, una pelirroja bien entrada en carnes, vamos, bastante gorda, que llamaba la atención porque siempre vestía como si pesara cincuenta kilos menos, es decir, con ropa muy corta y ajustada, marcando michelines pero también tetazas y pezones, y un culo en el que siempre se le marcaba la línea del tanga. Nunca me había llamado especialmente la atención, pero en ese momento me pareció que la chavala tenía un polvazo (debía ser que era viernes y ya echaba de menos mi sesión semanal de porno).

Me acerqué como todo un caballero, y ella me dijo que se le había parado el coche no sabía muy bien por qué, y si podía echarle una mano; yo para entonces ya estaba bien caliente, y se me ocurrieron un par de sitios donde meterle esa mano y otras cosas, pero me callé mis intenciones y miré un poco dentro del motor, a ver qué podía hacerse. Me pareció que seguramente estuviera bajo de batería, así que le hice una recarga express con mi coche, y el problema quedó solucionado al instante.

En ese momento pensé que todo estaba arreglado y que cada cual tiraría para un lado, pero entonces ella se me acercó con una sonrisa pícara, y poniendo su boca contra mi oído me dijo lo amable que le parecía, y la recompensa que estaba dispuesta a darme si la invitaba a mi casa y le ofrecía algún refresco.

La verdad es que yo al principio no la creí, aunque acepte su oferta, porque pensé que si no me sacaba un polvo, al menos me quedaría un buen calentón con el que cascármela después durante un rato. Pero cuando nos tomamos esa cerveza fría, la muy guarra cumplió todas sus promesas, y desde ese momento estoy deseando volvérmela a encontrar, porque de repente le he cogido mucho gusto a las mujeres obesas, ¿cómo lo ves?

Sí amigos, donde hay carne, hay alegría, olvídate del pelo, que no hay nada como encontrar sitio donde agarrarse cuando tienes a una tía empotrada contra el sofá de tu salón.

Mi novia me dijo que parase el coche para masturbarse

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Hay que ser muy pero que muy cachonda para ir en el coche con tu novio y de repente decirle que pare porque tienes la necesidad urgente de masturbarte. Esta jovencita de tetas grandes lo hizo, vaya que si lo hizo, y ni corta ni perezosa se bajó los pantalones, después las bragas y empezó a masturbar su coño depilado hasta que sus dedos se quedaron impregnados por un montón de flujo vaginal. Si amigos, se corrió un montón y la lástima fue que el pardillo de su novio ni siquiera tuvo la decencia de comerle el chocho y de follársela, pero supongo que estará acostumbrado y a veces te pone mucho más guarro ver cómo se toca que meterle la polla directamente…